
Dos más dos son cuatro, aunque quizá habría que tener en cuenta los decimales. Sumando décimas se llega a otra nueva unidad.
Eran dos en la soledad de su salón, pero cuatro cuando salían a cenar sueños con la pareja amiga. Números pares y, en cualquier caso, divisibles por dos.
Últimamente, ellos no hacían más que eso, dividirse por dos, y el temido resultado era la frialdad del uno que todas las noches les esperaba en dos habitaciones contiguas que no eran más que una más una. La calidez del par se convertía cada mañana en un iceberg impar que flotaba a la deriva en el café que aliviaba las pesadillas nocturnas de la ausencia mortal de besos.
Sin embargo volvían a la esperanza de lo dual cuando estaban con la compañía narcótica de la otra pareja. Multiplicación peligrosa, oasis en el desierto. Buscaban en ellos hacer más sólido y firme el trazo de su dos, pero encontraban dificultades al trazar la curva tan cerrada de este número y, por tanto, nunca llegaban a la línea recta que era la base en la que se sostenía dicho dígito. Cuando estaban con los otros se convertían en cuatro, número muy anguloso se mirara por donde se mirara, número con demasiados recodos y esquinas fáciles para esconder la pasión adolescente en la oscuridad. Número que, al igual que ellos en sus noches y amaneceres, era divisible por dos, aunque el resultado no era el mismo, no consistía en la soledad del uno, sino en la compañía de un dos infiel; división clandestina fraguada con el deseo del uno de cada pareja. Habían sido sumadores de decimales creando un nuevo dos prohibido, el estigma de los números naturales.
Matemáticas imperfectas en sus encuentros furtivos. Propiedad conmutativa entre el raso de unas sábanas. De día, ladrones de horas secretas, de noche, números primos herejes que sueñan con lo par. Aritmética caprichosa.
La suma de lo inconfesable se convirtió en la división de lo inevitable. Toda suma conlleva una resta, toda división una lejanía impenetrable. Hay números pares que aman lo impar, hay impares desterrados en el zaguán de lo par.
¿Pares o nones?