lunes, 13 de mayo de 2013

LAS COSAS QUE COMIENZAN POR "A"



Fotografía: Marisa Vegas


LAS COSAS QUE COMIENZAN POR “A”

La vida es el gran bostezo del tiempo
abriendo sus fauces hambrientas de comienzos.

Abril empieza por la A de la  amapola
que esperaba la primavera
dormida bajo la almohada de la tierra húmeda,
esperanza sin perfume en sus entrañas
mas repleta de latidos carmesíes.
Los sueños más reales
siempre pertenecieron al mes más cruel,
 lo dijo la voz del poeta
mientras la hoz afilada sonrió
sobre la A  de la  alegría de inocentes flores.

Y mientras la brisa del abril machadiano
florecía frente a la  ventana,
la A de mayo traspasó el secreto umbral
de las puertas selladas con besos.
Cuando la lluvia entra por la puerta
racimos de lágrimas salen por la ventana.
Mes de las flores,
flores soñadas por sueños,
sueños anidados en savia azabache
que no es  verde esperanza,
negra,
negra  de A azabache
que es el color de la A de la noche,
de la A del insomne abandono,
futuro mutilado de A,
de la A del luto que viste la confianza,
A de crueldad agazapada
entre la A de las garras del egoísmo,
A del amanecer de mares alquitranados
agonizantes de flores teñidas
con la A de afrentas de palabras
negras azabaches de A.

Mayo escribió una noche 
con la tinta de la A,
de Amor,
y amaneció  el luto en el campo de amapolas.

lunes, 29 de abril de 2013

CLAMANDO Y RECLAMANDO



CLAMANDO Y RECLAMANDO

(Diálogos Daltónicos II)


-          - Buenos días.
-         -  Buenos días.  Dígame…
-         - Verá, quisiera hablar con el Director del Banco.
-          - ¿Cuál es su nombre?
-         -  Fulanito Perroflauta.
-          - Ya… verá, el Director en estos momentos no le puede atender ni ayudar. Está ocupado.
-          - Ya… bien, en ese caso, entonces,  yo tampoco les puedo atender ni ayudar. ¿Podría ser tan amable de dar de baja mis cuentas y todas las tarjetas en este Banco?
-         -  ¿Cerrar sus cuentas? Verá caballero…
-          - Por supuesto que también la domiciliación de mi nómina, hipoteca  y la de todos mis recibos…
-          - Caballero,  ¿cuál es la causa de…?
-         -  ¡Ah! Y del Plan de Pensiones, y de los Fondos de Inversión…tres en total… Le indico el número para facilitarle el trabajo, ¿sabe?
-          - Vamos a ver caballero, un momento de tranquilidad. ¿Sería tan amable de indicarme las causas de este descontento con nuestra entidad bancaria?
-      -    … Por cierto, también dé de baja todas las cuentas de mi esposa, nómina e inversiones. Creo que le voy a dar mucho trabajo… siempre ha sido muy ahorradora…
-          - Caballero, haremos una cosa si usted lo tiene a bien. Informaré al Director y en un instante le recibirá en su despacho.
-          - ¿No me ha dicho usted que estaba ocupado? No, no le moleste usted, por Dios, no vaya a perder por mi culpa alguna transacción económica importante…
-          - No es una molestia, caballero. Si es usted tan amable de esperar tres segundos, el Director inmediatamente le recibirá…

(Tres segundos exactos)

-          - Buenos días, caballero. (Estrechamiento de mano efusivo) Soy el Director. Pase, pase a mi despacho, si es tan amable. No esté de pie, siéntese, siéntese, por favor. ¿En qué le puedo ayudar?
-         -  Bueno… creo que en nada. El compañero de Caja me ha dicho que no me puede ayudar, y yo no quisiera hacerle perder su valioso tiempo…
-          - Estos empleados… discúlpele, lo lamento. Usted, don Fulanito Perroflauta, es un gran cliente de este Banco como así atestiguan sus cuentas, usted tiene preferencia para ser atendido, por supuesto.
-          - Ya, ya… y hablando de preferencias… ¿No son un poco extrañas sus preferencias, señor director?
-         -  Uhmm… no sé a qué se refiere exactamente, caballero…
-          -Verá, a mis suegros, los dos pensionistas con retribución no contributiva, también los calificó hace unos meses de “Clientes Preferentes”, aquí, aquí mismo, en la misma silla en la que yo estoy sentado. ¡Qué ilusión les hizo, señor Director! Ellos, una pareja de ancianos que padeció el robo y miseria de la posguerra, que no eran nadie y que se pasaron toda su vida trabajando, y usted ahora los calificaba de ¡Clientes Preferentes! Les hizo muy felices, señor director. Dios le premie por tanta generosidad… Les invitó a depositar sus ahorros  -pocos, señor director, porque mi suegro ha estado siempre en una silla de ruedas y no han podido vivir “por encima de sus posibilidades”, ni tan siquiera yéndose a Benidorm con el IMSERSO-  , y, una vez depositados en su entidad financiera, han descubierto  -por la prensa-   que no van a poder disponer de ellos hasta que las ranas críen pelo. ¡Qué gran labor la de ustedes, los banqueros, que velan para que no se produzca el despilfarro de los ahorros de los jubilados y discapacitados! Ustedes les guardan a buen recaudo y para toda la vida sus míseros ahorros ¡no los vayan a derrochar bailando “Los pajaritos” en Salou! ¡Gran labor la suya!
-          - Verá usted… si el problema de retirar todas sus cuentas y las de su esposa, está en las Preferentes que adquirieron,  libremente, sus suegros… podríamos llegar a un acuerdo, caballero. Sería un caso excepcional, pero podríamos reingresarle lo invertido en las Preferentes en cuestión de días… A cambio, usted sería tan amable de seguir confiando sus estimables cuentas e inversiones a esta entidad bancaria que vela por…
-         - Pues no sé si será buena idea la que usted me ofrece… A mi suegro le gusta mucho el marisco ¡y mira que el médico ya se lo ha advertido! Por eso del colesterol… ya sabe usted. Y disponiendo de sus ahorros, a ver si ahora se zampa una mariscada y le da un ataque de gota, y va a ser peor el remedio que la enfermedad…
-         - Bueno, bueno… vamos a ver,  señor Fulanito Perroflauta... Mañana que se personen aquí sus suegros junto a usted y arreglaremos en confianza el tema de sus Preferentes en cuestión de minutos…
-          -Y hablando de confianza como usted dice, señor director…, porque ya tenemos confianza ¿verdad?
-          -  Por supuesto, por supuesto, caballero…
-          - Me podría decir ¿en qué invierten ustedes mi dinero, el de mi mujer, el del vecino del quinto o el del quiosquero de la esquina? Nosotros depositamos nuestros ahorros en su entidad bancaria y ustedes lo invierten en lo que desean sin preguntárnoslo y sin proporcionarnos ningún beneficio… ¡Qué gran negocio, señor director!
-          - Verá usted….
-          - Si le soy sincero, yo he venido esta mañana solo a hacerle esta pregunta. Ayer oí  que un Banco lo invertía en Empresas de Armamento y otro… en actividades muy poco legales. Y me dije yo: “Perroflauta, Perroflauta… no me gustaría que con tu dinero estuvieras contribuyendo a carreras armamentísticas que arrasan y asfixian a tantos a países tercermundistas…” Y no pude dormir, señor director, le juro que anoche no pegué ojo pensando en esto. Por eso me decidí a venir esta mañana y preguntarle ¿en qué invierte este Banco un dinero que yo le proporciono a interés cero, que le presto para hacerle engordar sus beneficios, y que, en algunos casos, ni devuelve  -como en el caso de las Preferentes-, por no citar lo que me cobran por realizar cualquier operación, transferencia o mantenimiento de cuentas y tarjetas, es decir, por prestárselo?
-          - Mire usted, la coyuntura económica de los Bancos…
-        -  ¿Coyuntura? ¡Coyunda! ¡Coyunda, más bien diría yo, señor director! Que en el castellano de mi pueblo es joder. Y como el refrán reza, “Joded y jodamos, que todos somos hermanos”, retiro mis generosas cuentas e inversiones de su lupanar. Y no sé yo si no acabarán entrando en voto de castidad, porque también las retirarán de su entidad bancaria en las sucursales de Bollullos de Arriba, de Abajo y de En medio, todos los vecinos, los afectados “preferentados” y los salvados “preferentantes”. Sin nuestro dinero, no hay coyunda. He dicho. Y como supongo que me cobrarán comisión por la  transferencia de mis cuentas a otro Banco, me van a dar mi capital en efectivo, billete tras billete… y a ser posible, en billetes de cinco…

martes, 12 de marzo de 2013

"Grito a Roma"



Federico García Lorca  
Khadzhi-Murad Alikhanov


Esta vez, les dejo con las palabras de Luis García Montero y los versos de Federico García Lorca. En ninguno de los dos casos, yo podría expresar mejor ese “Grito a Roma” y “El sentido de ese grito”. Hágase el silencio, pues, y si lo desean, escúchenlos a ellos.


 “El sentido de un grito”

Federico García Lorca llegó a Nueva YorK en 1929, acompañado por Fernando de los Ríos, su amigo y profesor de Derecho Político. El socialismo humanista del que sería en 1931 ministro republicano, influyó en la mirada con la que el poeta observó la gran crisis económica y cultural de la metrópoli.

No es raro que desde el Crysler Building, la edificación más alta de la ciudad, quisiese lanzar un grito hacia la cúpula de San Pedro en Roma. Pío XI había empezado el año 29 firmando con Benito Mussolini el Tratado de Letrán para consolidar la existencia del Estado Vaticano. En pago de este reconocimiento político, había pedido a los católicos que apoyaran la opción fascista y había bendecido las tropas que se disponía a invadir Abisinia. Corriendo el tiempo, Pío XI se convertiría también en el mejor amigo de la Alemania Nazi, aunque acabara enemistándose con Hitler, no por el asesinato de judíos, sino por el peligro que una Iglesia de orientación nacionalista suponía para Roma.

(…)

Conmovido por la realidad de un mundo que estaba sacrificando su porvenir en el altar de las cuentas de beneficios y las armas, maldijo en los primeros versos de su famoso poema a un papado que se olvidaba del amor y se abandonaba al dinero, el poder militar y las ambiciones personales e institucionales. La iglesia oficial se había renunciado al amor, a la comunión y a la solidaridad. Representaba sólo boato, grandilocuencia, soberbia, y era justo y necesario que cayese la rabia de la indignación sobre las sotanas que se habían olvidado de repartir el pan y el vino para orinarse sobre una paloma (el amor, la paz, el espíritu santo).

(…)

Frente a la máscara, toma verdadero sentido el amor. Frente a las pompas y los lujos del Papa, se levanta la figura de Cristo, el ser sacrificado para ayudar a los demás. El poeta se identifico muchas veces con Cristo, dejó crecer sus cabellos y se separó de los ritos oficiales. Por eso sabía que el amor no estaba en una Iglesia dominada por el teléfono de diamante de los millonarios, los herreros que forjan cadenas contra la libertad y los carpinteros que preparan ataúdes en serie para las víctimas de la guerra. El amor estaba junto a los desgraciados, las víctimas del poder, los hambrientos, las mujeres maltratadas y los jóvenes reprimidos por su singularidad sexual. Tan importante era tomar conciencia del sufrimiento de los pobres, como llegar a respetar "el oscurísimo beso punzante debajo de las almohadas".

El Grito hacia Roma no fue sólo un acto de desesperación. Buscó también un sentido. Si a lo largo de Poeta en Nueva York la multitud parecía una corriente agresiva en la que naufragaban los individuos anónimos, en este poema se intuye la posibilidad de que el amor articule a las muchedumbres para conseguir que la sociedad llegue a repartir con decencia los frutos de la tierra.

Federico García Lorca fue ejecutado hace 75 años por la significación literaria y cívica de este compromiso humano.


LUIS GARCÍA MONTERO




“GRITO A ROMA”

Poeta en Nueva York
(1929-1930)

Manzanas levemente heridas
por finos espadines de plata,
nubes rasgadas por una mano de coral
que lleva en el dorso una almendra de fuego,
Peces de arsénico como tiburones,
tiburones como gotas de llanto para cegar una multitud,
rosas que hieren
Y agujas instaladas en los caños de la sangre,
mundos enemigos y amores cubiertos de gusanos
caerán sobre ti. Caerán sobre la gran cúpula
que untan de aceite las lenguas militares
donde un hombre se orina en una deslumbrante paloma
y escupe carbón machacado
rodeado de miles de campanillas.

Porque ya no hay quien reparte el pan ni el vino,
ni quien cultive hierbas en la boca del muerto,
ni quien abra los linos del reposo,
ni quien llore por las heridas de los elegantes.
No hay más que un millón de herreros
forjando cadenas para los niños que han de venir.
No hay más que un millón de carpinteros
que hacen ataúdes sin cruz.
No hay más que un gentío de lamentos
que se abren las ropas en espera de la bala.
El hombre que desprecia la paloma debía hablar,
debía gritar desnudo entre las columnas,
y ponerse una inyección para adquirir la lepra
y llorar un llanto tan terrible
que disolviera sus anillos y sus teléfonos de diamante.
Pero el hombre vestido de blanco
ignora el misterio de la espiga,
ignora el gemido de la parturienta,
ignora que Cristo puede dar agua todavía,
ignora que la moneda quema el beso de prodigio
y da la sangre del cordero al pico idiota del faisán.

Los maestros enseñan a los niños
una luz maravillosa que viene del monte;
pero lo que llega es una reunión de cloacas
donde gritan las oscuras ninfas del cólera.
Los maestros señalan con devoción las enormes cúpulas sahumadas;
pero debajo de las estatuas no hay amor,
no hay amor bajo los ojos de cristal definitivo.
El amor está en las carnes desgarradas por la sed,
en la choza diminuta que lucha con la inundación;
el amor está en los fosos donde luchan las sierpes del hambre,
en el triste mar que mece los cadáveres de las gaviotas
y en el oscurísimo beso punzante debajo de las almohadas.

Pero el viejo de las manos traslucidas
dirá: amor, amor, amor,
aclamado por millones de moribundos;
dirá: amor, amor, amor,
entre el tisú estremecido de ternura;
dirá: paz, paz, paz,
entre el tirite de cuchillos y melones de dinamita;
dirá: amor, amor, amor,
hasta que se le pongan de plata los labios.

Mientras tanto, mientras tanto, ¡ay!, mientras tanto,
los negros que sacan las escupideras,
los muchachos que tiemblan bajo el terror pálido de los
directores,
las mujeres ahogadas en aceites minerales,
la muchedumbre de martillo, de violín o de nube,
ha de gritar aunque le estrellen los sesos en el muro,
ha de gritar frente a las cúpulas,
ha de gritar loca de fuego,
ha de gritar loca de nieve,
ha de gritar con la cabeza llena de excremento,
ha de gritar como todas las noches juntas,
ha de gritar con voz tan desgarrada
hasta que las ciudades tiemblen como niñas
y rompan las prisiones del aceite y la música,
porque queremos el pan nuestro de cada día,
flor de aliso y perenne ternura desgranada,
porque queremos que se cumpla la voluntad de la Tierra
que da sus frutos para todos.

FEDERICO GARCÍA LORCA

domingo, 3 de marzo de 2013

SPECULUM HOMINIS



Fotografía: Marisa Vegas



SPECULUM HOMINIS


Piel tallada por el tiempo
ocultando huesos que opositan a polvo,
huesos actores de experiencias
 encarcelando almas que destilan cenizas.

Pésimos presagios se abatieron
sobre la raza llamada humana
cuando apropiándose de la maldad
la forjaron corona eterna,
de sus cabezas
de su corazón
de su mirada
de sus lenguas
de su deidad.

Dioses de ambiciones azabache carbón,
lobos de colmillos antropófagos,
depredadores diestros en la debilidad,
 exterminadores eternos de los afectos.

Cíclopes con parche en el ojo
divisando horizontes adulterados,
cazadores de recompensas baratas
custodiadas en el bolsillo de sus tumbas.

Homicidas del amor ajeno,
y del propio, por naturaleza,
que quien ama y es gentil,
vulnerable es a fauces aviesas.

Y en máscaras
inmaculadas
embozan sus pieles negras,
fieras son los hombres,
-dicen-
yo, divino cordero,
prójimo soy, que no ajeno,
por eso afirmo
sin enajenamiento:
 todo humano me es ajeno.

domingo, 24 de febrero de 2013

NARANJOS ENTRE LA NIEBLA



Fotografía:



Si vivir es bueno,
es mejor soñar,
y mejor que todo,
madre, despertar.

Antonio Machado
(Proverbios y Cantares)



NARANJOS ENTRE LA NIEBLA

Aunque los ojos permanezcan cerrados, los sueños les roban sus miradas. Quizás para dar vida a la esperanza, quizás para sajar el manto negro en el que se refugia la noche. Cuando la vida gotea por las grietas de la memoria, la muerte va recogiendo en su cuenco de azabache cada gota de latidos para destilarlo en perfume de rosas negras. Sueño y muerte contendiendo con la vida. Y en el fragor de la batalla, ELLOS…

.....     .....    .....

Recordaba que sintió un frío gélido lamiéndole la piel, hiriéndole la percepción de lo que se le aparecía frente a sus ojos. No conseguía enfocar la retina sobre el sueño que su cerebro perezosamente le dictaba. Cuando consiguió hacerlo comprendió que era inútil delimitar trazos perfectos porque lo que se le presentaba ante los ojos era una niebla gris, espesa como las mareas repletas de naufragios, asfixiante y huérfana de oxígeno. Sin más dirección que la que tenía delante, consiguió que sus pasos penetrasen en esa nube cenicienta. Fue entonces cuando creyó sentir el aroma salitre del Mediterráneo. Asustado por el silencio, respiró, su piel podía sentir el frío y, su olfato, el mar, un mar que le había acompañado desde que era un niño. Al menos, dos de sus sentidos no habían sido hurtados por esa dama implacable de hoz afilada.



Caminar sobre senderos que comienzan a florecer, era lo que siempre había hecho durante sus 18 años de vida. Comprendió que ahora debía seguir haciéndolo a pesar de que esas flores adolescentes se hubieran convertido en una amenazante niebla inerte. Mientras lo hacía, comprobó que se encontraba en un páramo gris que debía traspasar. Sentía el miedo que solo se puede sentir cuando la soledad se tatúa en los surcos de la memoria. Pero siguió avanzando.

Los latidos de su corazón se aceleraron cuando pareció vislumbrar entre la niebla hálitos de vida que reconocía: naranjos. Naranjos en flor que despedían dulces notas de azahar que siempre habían perfumado a su pueblo valenciano, Silla. Podía verlos. No era capaz de sonreír, pero sus pasos se aceleraron para penetrar en este territorio que le resultaba familiar. Deseaba ubicar sus huellas, necesitaba sentir el poder de la gravedad bajo sus pies desnudos. Impaciente por conocer si un cuarto sentido aún le respondía, tomó una brillante naranja en sus manos, la deshojó como se deshoja una margarita que solo sabe decir sí o no, e introdujo un fresco gajo en su boca. No hacía falta esperar al último pétalo, su gusto obedecía a sus recuerdos de meriendas estivales entre naranjales, donde el néctar de esta fruta corría entre las risas de sus juegos infantiles.

No recordaba haber llorado en estos momentos, pero unas misteriosas gotas de rocío brillaban entre las hojas del azahar.

Más reconfortado por el hallazgo aunque aún temeroso de su desorientación, siguió avanzando entre una niebla poblada de naranjos que, ahora, se le antojaba menos amenazante.

Percibió que la densidad de este manto gris iba disminuyendo a medida que seguía caminando sin rumbo. Sus latidos volvieron a acelerarse cuando percibió en la lejanía a dos figuras que parecían humanas. No lo dudó, se acercó a ellas con la celeridad que su espeso sueño le permitía. Quería regresar a su hogar, con los suyos, y estas dos figuras eran la única muestra de vida humana que podían ayudarle.



Fotografía:
http://estudiosideasoez.wordpress.com


Cuando los tuvo frente a sus ojos, a unos dos metros de distancia, se sorprendió de su indumentaria. Eran dos hombres. Ambos vestían túnicas de lino o lana burda, de color ocre, hasta la rodilla, sujetos por una fíbula anular sobre el hombro derecho dejando al descubierto el izquierdo. Tenían cordones cruzados sobre el pecho y cinturón que ceñía el vestido al cuerpo. Calzaban alpargatas atadas a las piernas y recubiertas de piel y pelo de animal. Sobre la cabeza, una tela en forma de diadema con la que se recogían el pelo. Esta indumentaria lo sumió en una profunda perplejidad: era evidente que no eran personas pertenecientes a la época actual.

Miró tras ellos y le pareció distinguir un poblado singular. No estaba amurallado, por tanto, dedujo que carecía de objetivo defensivo. Se trataba de un asentamiento construido en llano posiblemente con una funcionalidad agrícola y ganadera. Las casas tenían una única planta rectangular y parecían tener una base de piedra, mientras que sus muros eran de adobe, sus estructuras de madera y de ramaje vegetal la techumbre.



Fotografía:
http://historiadeluismi.wordpress.com


No salía de su asombro ante tal espectáculo tan desconocido como anacrónico. Parecían personas de hacía 2000 años. Y cuando pensaba esto, recordó aquella clase de historia en el instituto en la que su profesor, hablándoles de sus ancestros, los antiguos moradores de Valencia y Silla, los iberos-edetanos, decía:

Dijo un vate griego que cuando Helios, dios del Sol, nace sobre el Jardín de las Hespérides, es Edeta la primera ciudad que su faz ilumina.

Comprendió, entonces, que estaba frente a una tribu prerromana ibera, los edetanos, antiguos moradores de la tierra donde nació. No entendía nada. ¿Cómo era posible todo aquello que estaba sucediendo? Volvió a sentir el frío de esa niebla que había quedado tras sus huellas y sintió la desesperación de querer volver con los suyos. Sacó fuerzas de donde solo había heridas, y se decidió a hablar con esos dos hombres:

-      Amigos, decidme, ¿sabéis el camino hacia Silla?

Los dos hombres parecieron entenderle pero se miraron con asombro mutuamente. Después, menearon la cabeza de un lado a otro como signo de no saberlo.

-      Pero… pero amigos, debéis saberlo. Vosotros vivís aquí. Mi pueblo no debe estar lejos de estas tierras. He reconocido los naranjos y… decidme, ¿dónde está Silla?

Los dos hombres volvieron a mover negativamente la cabeza una y otra vez, no conocían ningún pueblo llamado Silla. En un último intento desesperado añadió con voz entrecortada:

-      Necesito volver a mi casa, necesito volver a mi vida. Me he perdido en un sueño que comenzó hace dos semanas y aún no ha finalizado. Los que me quieren están sufriendo por mi ausencia, necesito volver con ellos. He estado poco tiempo a su lado, apenas 18 años. Aún no les he dicho cuanto les quiero y cuanto… Por favor ¡decidme el camino que lleva a Silla!

Al oír estas últimas palabras, uno de los hombres asintió con la cabeza como recordando algo que no se marca con caminos de tierra sino con los senderos del corazón. Alzó uno de sus brazos y, con el dedo índice de la mano le apuntó  hacia una dirección que siguió sin mirar atrás después de darles las gracias a esos hombrecitos que, mientras lo veían alejarse de allí, ya oían por la colina más cercana el trote enemigo e inclemente de caballos romanos que también sumirían a su civilización en la niebla más profunda y gris de todos los tiempos de Edeta.


.....     .....     .....



Cuando el sueño se quedó sepultado entre la niebla de los naranjos, sus ojos se abrieron a la vida. Lo primero que vio fue un entramado de máquinas conectadas a su cuerpo y pudo percibir el incómodo olor antiséptico que caracteriza a los hospitales. Tras unos cristales reconoció la mirada esperanzadora de su familia instalada en la UVI desde hacia doce días. Volvió a cerrar los ojos y en un segundo pasó por su mente el recuerdo de una curva cerrada a gran velocidad, las ruedas de una moto dirigidas por el amigo al que estaba agarrado por la cintura en la parte de atrás, y… luego niebla, mucha niebla entre naranjos.

“Coma”, palabra griega, κμα koma,  que significa “sueño profundo”. Un sueño que había durado casi dos semanas y del que ELLOS, sus antepasados, le habían hecho regresar en un viaje de ciencia ficción para los incrédulos, milagroso para los creyentes, y mágicamente relativo en el tiempo para los que solo saben que no saben nada.

lunes, 18 de febrero de 2013

UN VIAJE EN EL TIEMPO: MANZANAL DE ARRIBA. TRADICIÓN EN TIERRA DE LOBOS (2ª parte)

Manzanal de Arriba (Zamora)
Fotografía: Marisa Vegas


UN VIAJE EN EL TIEMPO: MANZANAL DE ARRIBA
TRADICIÓN EN TIERRA DE LOBOS
(2ª parte)


Y sigo perdiéndome en ese tiempo detenido en calles, casas, piedras y pizarras, en ese viento perfumado de otros siglos y petrificado en Manzanal.

Pasear por un pueblo cuyas casas son todas de piedra y pizarra es como sentirte dentro de una maqueta medieval. Sin embargo, no podemos ocultar la existencia de algunas cuya apariencia exterior en sus fachadas es de un tosco ladrillo. Me contaban los lugareños que, en realidad, ¡son de piedra! al igual que el resto, solo que en su día, por peligro de derrumbamiento, se recubrió esa piedra con ladrillo para reforzar la estructura de sus fachadas. Son pocas y actualmente sus habitantes se esfuerzan por retirar esos ladrillos y dejar al descubierto la hermosa y originaria piedra que las creó. No obstante, siempre hay algún “atentado” de construcción actual contra el buen gusto y la estética del lugar, ostentoso en su objetivo pero de resultado bastante discutible al introducir elementos de construcción que guillotinan la estética de la piedra originaria del lugar.









Manzanal de Arriba (Zamora)
Fotografía: Marisa Vegas


Casas de puertas de dimensiones diminutas que nos hacen imaginar estaturas, de sus antiguos moradores, muy diferentes a las actuales.







Manzanal de Arriba (Zamora)
Fotografía: Marisa Vegas


Casas de puertas asimétricas, de madera vencida por los años, y de poyetes improvisados que guardan el secreto de conversaciones de atardeceres estivales al fresco.








Manzanal de Arriba (Zamora)
Fotografía: Marisa Vegas


Puertas originarias de madera  pero rejuvenecidas con el color de la sangre de las moras que inundan la ribera del río.







Detalle de casa de Manzanal de Arriba
Fotografía: Marisa Vegas


Puertas tatuadas con el óxido de cerraduras moldeadas al calor de una forja rudimentaria. Cerraduras esperando la llegada de grandes llaves  extraviadas en el olvido de los años. Tan extraviadas que sobre ellas pende el manto de una telaraña que es quien se ha apoderado de la propiedad de esa cerradura sellando la memoria del tiempo.







Detalle de puerta casa de Manzanal
Fotografía: Marisa Vegas


Puertas con aldabas y pomos ancianos, de sencilla belleza utilitaria cuyo óxido se encadena con eterna fidelidad a tablones de madera vencedores de la batalla del tiempo.








Detalle puerta de casa de Manzanal
Fotografía: Marisa Vegas


Puertas sin llaves, de cerraduras que solo el ingenio sabe construir. También la necesidad. Huellas, en todo caso, aún tangibles, de la confianza depositada en el vecino amigo y hermano.








Casas de Manzanal de Arriba
Fotografía: Marisa Vegas


Puerta con puerta, vecino junto a vecino bajo el mismo cielo de pizarra gris.








Casa de Manzanal de Arriba
Fotografía: Marisa Vegas


Puertas mirando a ventanas, ventanas vigilando puertas de entrada y salida. Rincones de piedra y madera en los que se escribió la vida cotidiana de sus gentes.








Casa de Manzanal de Arriba
Fotografía: Marisa Vegas


Puertas sosteniendo sobre sus hombros cansados a balconadas que, lamentablemente, no han resistido el paso del tiempo.







Balconada de casa de Manzanal
Fotografía: Marisa Vegas


Balconadas exhibiendo sus esqueletos de madera. Calladas en un silencio que albergó las miradas de la caída del atardecer mientras la vida pasaba bajo sus pies.








Escaleras de casa de Manzanal
Fotografía: Marisa Vegas


Escaleras de piedra cubiertas por el verdín del tiempo, ascenso al descanso después de una jornada de campo.








Casa de Manzanal de Arriba
Fotografía: Marisa Vegas


Puerta, balconada y escaleras de la casa deshabitada y –quizás-  la más típica de Manzanal. La balconada de madera aún conserva la talla de su decoración que el tiempo no ha podido ajar. Las artesanales escaleras pétreas, tan bien conservadas, hasta hace pocos años eran el lugar de reunión de adolescentes y jóvenes veraneantes en esas largas e inolvidables noches de verano de cielo negro tupido de estrellas, según me relataba una joven participante en tales eventos, que lo recuerda actualmente con nostalgia y una emoción que se contagia.







Casa derruida en Manzanal
Fotografía: Marisa Vegas


Techos huérfanos de pizarra y azules de cielo. El tiempo, tirano de las horas, a veces gana el pulso a la vida petrificada.







Ventana de casa de Manzanal
Fotografía: Marisa Vegas


Miro por la ventana que tantas veces miró, y siento curiosidad por el significado de las miradas que atesora y que, solo ella sabe guardar celosamente, sellando su pacto de silencio con la piedra gastada y las zarzas verdes que ahora son las únicas que miran a través de su mirada.







Restaurante “El lobo feroz” en Manzanal


El paseo nos abre un apetito voraz. Nada más apropiado que reponer fuerzas en el restaurante “El lobo feroz” de Manzanal. No solo el nombre es apropiado sino que el lugar elegido  -una preciosa casa de piedra y madera perfectamente conservada y decorada con muy buen gusto y sencillez-  es una delicia, a la vista y al paladar. 






Entrada del restaurante “El lobo feroz”
Fotografía: Marisa Vegas


Antonia, la cocinera, les hará recordar el sabor de nuestras ensaladas de la infancia, donde el tomate sabía a tomate y no a no sé qué. Podrán degustar sus platos exquisitos de carne a la brasa, así como entrantes de deliciosas croquetas de zanahoria con copyright incluido. Y otros platos tradicionales cuyos ingredientes tendrán su verdadero sabor, el de la tierra de la Carballeda. 







Detalle del comedor interior de “El lobo feroz”
Fotografía: Marisa Vegas


Podrán hacerlo tanto en su gran terraza de verano como en el cálido y acogedor comedor interior. El trato amable, cercano, cordial y profesional de sus dueños, está más que garantizado.






Lobos en La Carballeda
Fotografía: David


No puedo despedirme sin mencionar al rey de Sanabria-Carballeda: el lobo. En estas tierras se encuentra el reducto más poblado de toda la Península Ibérica de esta especie en peligro de extinción y de opinión controvertida para los habitantes de la zona. David, el propietario de este restaurante y amante de fotografiar a este animal tan esquivo y difícil de ver, así lo exhibe en una fotografía enmarcada que adorna el local que él mismo tomó en sus incursiones tras el lobo. Le agradezco su amabilidad por la información que me proporcionó para localizar los lugares donde este animal tan carismático como salvaje  tiene más probabilidad de ser visto –cosa nada, nada fácil, se lo puedo garantizar-. La paciencia infinita es un ingrediente imprescindible... así como un buen equipo. Pero esa es… otra historia lobuna que quizás me anime a relatar…



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