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Que
las líneas de su mano eran las huellas que iba dejando a lo largo del camino
terroso. Huellas de cinco dedos en las que en su epicentro se distinguía el
ramaje del árbol de la vida. Miró hacia atrássin dificultad y le divirtió el reguero de manos idénticas que dejaba a
medida que avanzaba. Pero el viento del norte borró con un fuerte suspiro las
líneas torcidas de la caligrafía de sus manos. Se extravió cuando el rastro de
sus líneas desapareció, mientras el viento huía con lo hurtado a sus espaldas.
Siguió caminando.
El
camino de tierra seca se convirtió en arcilloso. Volvió la diversión. Sobre el ocre del
sendero, ahora además se advertían con nitidez, sus huellas dactilares
coronando cada pétalo de su mano. Laberintos ovalados se escribían en cada
punta de sus dedos. Le pareció distinguir en alguno de ellos la sombra del
Minotauro. Pero la tormenta que se
ocultaba en un cielo que ya no podía ver, descargó torrentes de lluvia que
difuminaron los surcos de senderos dactilares. Anegaron entradas y salidas
laberínticas, ahogaron a la bestia e incluso hasta al mismo Teseo. Ruinas
cretenses fueron sus huellas, esqueletos dactilares de su travesía.Volvió a su extravío. Pero siguió haciendo el
camino, con manos huérfanas de pies.
El
camino desembocó en una playa de arena fina. Mientras avanzaba por ella observó
que sus huellas esta vez no hablaban ni de líneas ni de estampas dactilares
únicas e intransferibles. Sus huellas eran minúsculos valles deformes sin
contornos definidos en los que se perdían algunas conchas y caracolas mudas.
Pequeños hoyos aprendices de precipicios. Le entristeció la metamorfosis
difuminada en la que se había convertido el rastro de su camino. El mar,
padrastro de navegantes intrépidos, le invitó a acercarse a su piel, y en la
orilla húmeda volvió a reconocer con entusiasmo los perfiles de esas manos
afanosas de construir caminos. Sus palmas se hundían en una arena húmeda que
vestía de salitre y de perfume de travesías cada dedo, cada poro, cada huella
de su piel. Pero las olas, celosas del
mar, se precipitaron hambrientas sobre
los vestigios sobre la arena y devoraron en un segundo azul todo rastro de
andaduras en la epidermis de la orilla.Y reconoció, por tercera vez consecutiva, ese extravío que deja ciegas a
las palabras y mudas a las miradas.
Soñó
que andaba cabeza abajo.
Y
cuando despertó del sueño, aún la tristeza se deslizaba entre las sábanas.
Comprobó que sus pies podían llegar a tierra firme cuando sintió que el frío de
las baldosas del suelo los lamían en aquella fría mañana de octubre. Respiró
con alivio. Pero al mirar las palmas de sus manos sintió el dolor de llagas
abiertas herederas de arduas travesías, espejos de estelas de odiseas de dioses
caníbales.
Cuando me encontré con este
texto, no leí la oración de un niño sino que sentí una tremenda bofetada a los
adultos en general y a los padres en particular. Educar no solo consiste en
recibir conocimientos en un centro educativo sino en una transmisión de valores
que nunca debe relegarse a los medios de comunicación, ni responsabilizar de
ello a personas o educadores externos. Craso error. La educación comienza en el
mismo sofá del salón de casa y, por lo general, es la educación más importante
y determinante que recibe el niño y el adolescente. La de las personas que le
dieron la vida.Enseñamos lo que somos.
Seamos, pues, mejores docentes en casa.
LA ORACIÓN DE UN NIÑO
Señor,
esta noche quiero pedirte algo especial: conviérteme en televisor.
Quisiera ocupar su lugar para vivir como él en
mi casa: tendría un cuarto especial para mí, y toda la familia se reuniría a mi
alrededor horas y horas. Siempre me estarían todos escuchando sin ser interrumpido
ni cuestionado, y me tomarían en serio. Mi papá se sentaría a mi lado cuando
vuelve cansado del trabajo, mi mamá buscaría mi compañía cuando se queda en la
casa sola y aburrida, mis hermanos se pelearían por estar conmigo. ¡Cómo me
gustaría poder disfrutar de la sensación de que lo dejan todo por pasar algunos
momentos a mi lado!
Por
todo esto, Señor, conviérteme en un televisor, yo te lo ruego.
Antonio Pérez Esclarín, Educar en tiempos de crisis.
Si desean leer al completo este
interesante y breve ensayo de Pérez Esclarín, lo pueden hacer copiando el
siguiente enlace:
Volvió a su tierra un día en el
que el corazón fue herido en su epicentro por la punta de un zapato afilado. No hubo sangre que pudiera cicatrizar
la herida, solo fríos vientos de silencio que le invitaban a embarcarse en el
navío que le llevaría al viejo mar castellano que le vio nacer.
Dudó durante cinco largos días y cinco
insomnes noches de esta travesía incierta. Se asomó muchas veces a la playa
quijotesca de encinas y tierra seca para intentar ver en la lejanía algún
indicio que confirmara su decisión de volver a esas tierras frías y duras
cabalgadas por el Cid. Pero su dubitativa mirada solo podía mezclarse con la
niebla que llegaba hasta la lontananza, creándose así un brebaje mágico y
druídico que unas veces amenazaba con el veneno de lo desconocido, y otras, alentaba con el misterio de lo ignoto.
Alguna atardecer, mientras contemplaba el
largo trayecto a recorrer, creyó oír
cantos de sirenas que le arrebataban las dudas y las introducían en las
profundidades del mar manchego. Emergía, entonces, en el horizonte, la punta
afilada de una lanza en astillero y una adarga antigua cabalgando encima de un
rocín flaco. La figura cervantina que emergía del horizonte le hablaba de
sueños que perseguir, entuertos que desfacer,
gigantes que vencer y de quimeras e ínsulas por conseguir. Alentada por este
hidalgo de triste figura, era entonces cuando su alma se animaba a viajar de
meseta a meseta, era entonces cuando sus huellas se levantaban y deseaban
recorrer las riberas del Duero dejando huérfanas las del Guadiana, era entonces
cuando el caballero de La Mancha le secaba las entendederas completamente de
tanto decirle sin cesar:
- La razón de la sinrazón que a
mi razón se hace…
Y era entonces cuando deseaba emprender el viaje en busca de aventuras
nuevas que cauterizasen la oquedad de ese corazón taladrado por la punta de un
zapato. Y cuando más convencida estaba de emprender el camino hacia el adusto
norte castellano, emergía en el horizonte al lado de la vetusta sombra
quijotesca del caballero, una figura rechoncha y bajita, con aliento de ajos y
de sabiduría popular que, después de echar un buen trago de vino de Valdepeñas
de su bota, le explicaba e insistía que aquello que su amo veía en el horizonte
no eran gigantes sino molinos, molinos de viento, inmaculados y laboriosos
molinos que atrapaban vientos con sus aspas como él mismo atrapaba moscas, y
los engullían para llenar sus orondas panzas con las que se estrellaría si
hacía caso a su amo en emprender andanzas más allá de las tierras manchegas.
Avisada quedaba. Era entonces, cuando decidía permanecer en esa tierra adoptiva
de vides, olivos y encinas, anfitriona honesta y cálida con sus forasteros,
humilde y humana hasta los huesos, literaria por propia definición.
Y así transcurría la noche, como un bajel a la deriva en un océano
peinado por olas de dudas, en un mar manchego donde el sonido de las caracolas
se mudaba en cantos nocturnos de grillos que acunaban los sueños e ideales
quijotescos y los ronquidos del realismo de panza satisfecha, ambos durmiendo
bajo una encina sempiternamente.
Si los maravillosos e increíbles atardeceres sangrientos y azafranados de
La Mancha le hablaban de alfabetos cervantinos, los amaneceres de sol robusto y
diáfano le seguían iluminando, casi hasta la ceguera, el sendero que llevaba a
la Castilla que le vio nacer. El último día del que disponía para decidir su sí
manchego o su no castellano amaneció con un aroma conocido: el de la piel del
Duero. Reconoció al instante el olor penetrante de sus aguas machadianas,
lentas en su discurrir, espejo de los olmos de sus riberas, guardianas de
gestas de caballeros, cofres que atesoraban los romances de las alevosías de
reyes y nobles. Duero legendario, Duero anciano de versos y poetas, Duero de
huellas perpetuas con las que bañaba las faldas de sus ciudades tradicionales,
inmovilistas, leales al reloj detenido en el rincón de telarañas del tiempo.
No solo sintió este aroma
castellano sino que desde las entrañas del amanecer apareció en el horizonte un
reflejo cegador de una armadura de caballero que, desde una loma peinada por el
estío, aparecía montado en su colosal caballo invencible en la Reconquista. La
sombra del caballero no era quijotesca, estaba impregnada en polvo, sudor e hierro, de heráldica de
castillos, leones y abolengo de piedra luciendo en fachadas de cunas
castellanas. De Vivar era su mirada, de Castilla su corazón, admirado por sus
mesnadas, temido por los árabes al que bautizaron el Cid. Señor de sus vasallos, vasallo
eternamente de su rey.
Este otro caballero, después de
mirarla unos instantes con la altivez y el señorío que solo otorga la victoria
de las guerras, le habló de batallas por ganar que la esperaban pacientemente
en las puertas de Castilla, de sangre familiar que la añoraba dentro de
recintos amurallados, de tierra madre que palpitaría al unísono de sus
arterias, de retos por vencer y gestas que engrandecer. Le habló de la lealtad
a la tierra que le dio vida, le recordó que la valentía solo era el alfabeto
que entendía el amor y la vida, y esta, la vida, solo estaba hecha para los
valientes. Ella le escuchó reconociendo su cobardía para emprender un viaje a
esa tierra abandonada durante 17 años, pero el aliento poderoso del Cid le animó
ofreciéndole las dóciles aguas del Duero para enjugar el llanto, y la dura y
árida tierra castellana de la que levantarse después de cualquier caída.
No sé sabe muy bien el porqué lo
hizo pero volvió, volvió a su tierra castellana un día caluroso de los del mes
de julio. A medida que se alejaba de La Mancha entre casas encaladas de
recuerdos y cinceladas de añil, sentía como una parte de su corazón se quedaba
allí, entre olivos, vides y encinas, enterrado en Cuevas de Montesinos, fundido
en la piedra de los castillos de la Orden de Calatrava, reflejado en las
cristalinas aguas de las Lagunas de Ruidera, cobijado bajo las alas de las aves
de las Tablas de Daimiel. En una loma divisó el adiós del caballero quijotesco
y su leal escudero:
-¡Seguirán
siendo gigantes aunque te parezcan molinos…! – le gritaba insistentemente
en la lejanía su ya amigo Don Quijote.
Llegó al final de su viaje: a la
Castilla fría y sola, recia de palabras, la noble y leal tierra amasada por el
silencio, los poetas y los caballeros. Su corazón se instaló allí por la
inercia que concede el tiempo y lo inevitable. Corazón incompleto. Su amigo Don quijote tenía razón: eran
gigantes, no molinos. El Cid también: las aguas del Duero enjuagan su llanto y
las lágrimas son conducidas a un mar de encinas y casas pintadas de añil,
mientras la dura y árida tierra castellana la invita a levantarse de nuevo.
El hecho de que en un mismo país
convivan varias lenguas, nunca
debiera ser motivo de enfrentamientos o diglosia
(discriminación lingüística de una lengua a favor de otra), sino una muestra valiosa de nuestra riqueza lingüística y cultural que
debiéramos preservar y sentirnos orgullosos de poseerla. La realidad,
desgraciadamente, dista mucho de este ideal, de un bilingüismo equilibrado y respetuoso. Los hambrientos colmillos de
la política alcanzan hasta a las lenguas…
A pesar de incluir esta entrada
bajo la etiqueta “Música hecha poesía”, en estos tres temas (gallego, vasco y catalán) encontrarán
más que propiamente poesía, unas letras
que les sugerirán lo que prefiero que les sugieran: sus propias conclusiones.
Soy seguidora incondicional de la música de los años 80, por tanto, los tres grupos elegidos pertenecen a esta
década, aunque el último aún siga en pie editando discos.
Si la política no ha sido capaz
de llegar a ese soñado bilingüismo, la música, por el contrario, lo ha
conseguido. Gallego, vasco y catalán nos han emocionado y siguen haciéndolo, a
través de cientos de canciones e intérpretes que nos han hecho bailar, soñar y, sobre todo, respetar
nuestras lenguas como hacemos, sin dudarlo, con el inglés, por ejemplo, cuya
intrusión y contaminación del castellano por extranjerismos la aceptamos
plácidamente como signo de alto nivel cultural. Un sabio dijo en su día que los
españoles éramos expertos en denostar lo propio y alabar lo ajeno.
Respetemos nuestras diferentes, pero hermanas, lenguas vernáculas.
Derribos Arias
Fotografía:
www.los40.com
Grupo vasco de
música pospunk liderado por Ignacio
Gasca, donostiarra más conocido por el nombre de Poch,perteneciente a la década de los 80 y encuadrado en el movimiento
cultural de La Movida. El primer
proyecto musical de Poch fue el grupo
Ejecutivos agresivos (¿recuerdan el
single “Mari Pili?”). El sonido de Derribos Arias fue caótico y melódico a
la vez, impregnado de un humor absurdo que fue calificado por algunos,
acertadamente, como dadaísta. Escuchen
lo que nos dicen del lendakari de 1982 (fue Carlos Garaikoetxea hasta 1984). El
tema solo incluye algunas palabras en euskera:
“Dios Salve al
lehendakari”
Dios salve al
Lendakari,
que no es un rastafari,
él es un txistulari,
Nuestro Lendakari,
él no es un rastafari,
él es un txistulari,
Dios salve al Lendakari,
que no es un rastafari,
él es un txistulari.
Nuestro Lendakari,
él no es un rastafari,
él es un txistulari.
Autor de la letra - I. Gasca
Autor de la música - I. Gasca
Disco: Branquias bajo el agua (1982)
Lendakari: presidente del Gobierno Vasco. (RAE)
Rastafari: Seguidor de un movimiento religioso, social y cultural
de origen jamaicano que se caracteriza por transmitir sus creencias a través de
la música, defender el consumo de marihuana y el uso de una indumentaria y un
peinado característicos (RAE)
Txistulari = chistulari:
Músico del País Vasco que acompaña las danzas populares con el chistu y el
tamboril (RAE).
Fue un grupo gallego de
pop-rock que se fundó en 1984 por el vigués Antón Reixa, músico, escritor (de 12 libros) y director de cine
(“El lápiz del carpintero” entre otras). Grupo inmerso en La Movida madrileña de los 80, lanzaron su tema “Galicia Caníbal”,
y en 1986 no había lugar en nuestro país donde no se escuchara la canción. Se
separaron en 1994. Irreverentes con sus raíces, la letra de la canción es una
crítica con humor a esa Galicia tradicional y conservadora (la “República de
Sitio Distinto”, como la llamaron a lo largo de su carrera), inmersa en unos
valores alienantes y que prefiero que observen en el vídeo oficial de la
canción (no tiene desperdicio) que les dejo.
“Galicia Caníbal”
Álbum: Fai un sol de
carallo (1986)
Fai un sol de carallo.
Con isto da movida haiche moito ye-yé que,
de noite e de día, usa gafas de sol:
¡Fai un sol de carallo! ¡Galicia Canibal!
A matanza do porco
A berra e un conxunto
de berros
dun porco cando o van
matar.
San Martiño oficial de Monforte ó Nepal,
o magosto para agosto, safaris do porco,
filloas de sangue, Galicia embutida:
¡Fai un sol de carallo! ¡Galicia caníbal!
Etiopía ten fame
Un parado occidental sostén un filete.
Un negro deitado,
o negro non lle chega, arrastra o bandullo.
O parado occidental sostén o filete;
o parado altivo, o
negro non lle chega.
Doa os teus riles: un ril á merenda.
Doa os teus riles: outro ril á cea.
¡Fai un sol de carallo! ¡Galicia caníbal!
En español:
Hace un sol del carajo.
Con esto de la movida hay mucho yeyé,
que de noche y de día usa gafas de sol.
¡Hace un sol del carajo! ¡Galicia Caníbal!
La matanza del puerco. Mátalo, carajo.
La matanza del puerco.
La 'berrea' es un conjunto de berridos
de un puerco cuando
lo van a matar.
San Martín oficial, de Monforte al Nepal,
el magosto en agosto, safaris del puerco,
filloas de sangre. Galicia embutida.
¡Hace un sol del carajo! ¡Galicia Caníbal!
Etiopía tiene hambre.
Un parado occidental sostiene un filete.
Un negro tumbado, al negro no le llega,
arrastra la barriga.
El parado occidental sostiene el filete;
el parado altivo, al negro no le llega.
Dona tus riñones: un riñón de merienda.
Dona tus riñones: otro riñón para la cena.
¡Hace un sol del carajo! ¡Galicia Caníbal!
Els Pets
Fotografía: www.galeon.com
Grupo catalán que nace la noche de Navidad de
1985 en Constantí (Tarragona) de donde es oriundo su líder Luís Gavaldá. Pertenecen a
lo que se llamó rock catalán, paralelo a La
Movida de los 80. Comenzaron haciendo lo que ellos mismos denominaron rock agrícola para reivindicar tanto sus
orígenes de comarcas como un rock con denominación no urbano. Desde 1985 hasta
2010 han seguido editando discos. El tema que les presento, “Agost”, quizás sea
el más lírico y poético de lo que han venido leyendo y oyendo: deseos de que
llegue ese agosto que nos recuerda la belleza del tiempo que pasa poco a poco.
“Agost”
Álbum: Agost (2004)
Descamisat Sisquet fa tard, diu adéu a la colla. L´han vacunat contra l´asfalt en un poblet de costa
on d´amagat l´espera darrere de l´església mig tremolós aquell petó que tindrà gust a sal de mar i a nit plena d´estrelles.
Un pel suat Cesc s´ha llevat de fer la migdiada, mentre al costat la dona va desant rasclets i pales
i miran com la nena rebossada d´arena dorm al sofà pensa que mai tindrà millor moment per anar buscar la parelleta.
Que arribi l´agost, feixuc i mandrós, que ens fa recordar la bellesa del temps que passa a poc a poc.
Des del cafè el senyor Francesc mira la gent com tomba fent el tallat on fa tants anys te un reservat a l´ombra
i quan la dona arriba li acosta la cadira del seu costat i li estreny la mà pensant que el mar és com la vida que no atura el ritme mai.
Que arribi l´agost, vital i enganxós, per treure´ns les presses i recuperar la tendresa del món.
Que arribi l´agost, feixuc i mandrós que ens fa recordar la bellesa del temps que passa a poc a poc.
El
norte no existe cuando la luz mira al sur. Detrás del espejo del mar, las
direcciones son caminos nebulosos de cristal azul. Peces errantes de norte
vuelan en nubes húmedas de sueños. Aves sedientas de sal bucean en olas
extraviadas de brújulas. Y en el horizonte que desafía al eje terrestre sigues
estando tú. Allí, donde el norte no existe.
VUELO PELIGROSO
La
piel de las rocas escribe rutas no recomendadas a las lágrimas, surcos ahogados
de trampas para aquellos que osan escalar a sus rincones más íntimos. Pero el peligro
solo es la voz que susurra el silencio de lo que tiembla. El miedo es el muro
más poderoso que impide avanzar. Al llegar a la cima el eco del mar desnuda
lentamente tus alas. Y desearías echar a volar.
EL GRITO DEL MAR
El
mar sabe gritar a sal. Escupe olas que escriben en las rocas tatuajes de bramidos,
tormentas de caracolas mudas. Y excava con sus puños de mareas una gruta
profunda, talla y cincela el corazón del acantilado. Venas de sal y agua
recorren sus arterias. Allí se escucha el grito del mar, allí se escuchan mis
latidos.
REFUGIO
Abrigo
mi alma con las sombras de la luz. Los refugios de la noche mienten, las
estrellas han naufragado en el azul del mar. Aún brilla su estela encendida en
los surcos del Mare Nostrum como
ondina portadora de fatal destino. La mirada al horizonte es protegida por los
muros cincelados por el viento. Y respiro frío gélido bajo la sombra mientras
se ahoga la última estrella.
EL CAMINO DEL MAR
En la alfombra de la
playa se escriben las huellas del mar. Alfabetos de caracolas y conchas serpean
la caligrafía de su voz. En la orilla del azul dibujo el camino del mar pero
las olas implacables en su deambular, borran los trazos firmes de iniciales de
nombres, de sueños, de narrativas deseantes y deseadas que llegan a su final.
Caminante no hay camino
sino estelas en la mar…
EL PUENTE DEL MAR
Albañil
de puentes es el mar después de la noche de siglos en las que arrojó su ira de
olas plateadas. Tras la tormenta no solo brota la desolación sino esculturas de lenguajes que
derrotaron a la Torre de Babel. Los puentes unen el alfa y el omega, la tierra
y la sal. Amantes eternos el continente y la mar.
DEL CIELO AL SUELO
Entre
el cielo y el suelo habita el mar. Sobre la playa sueña sus sueños, sobre el
cielo desea soñar. La tarde despliega sus pinceles de soledad y las acuarelas
comienzan a navegar en el bajel de los recuerdos. El horizonte, hambriento de
nostalgias, muestra sus fauces carnívoras de deseos. Y todo en un instante
desaparece. Solos tú, yo y el mar.
La
noche anterior había puesto el despertador a las diez de la mañana. Sería sábado.
Había sido una semana intensa de trabajo. Necesitaba descansar. Además, lo
había preferido poner en opción de radio ya que prefería que le despertaran las
noticias y, así, poder aprovechar cinco minutos más en la cama poniéndose al día
en la actualidad.
Cuando
el manto de seda negro de la noche se levantó de la ciudad, el sol ya comenzaba
a querer filtrarse por las rendijas de la persiana de Marcos. Fue entonces
cuando le despertó en la radio, a la hora convenida, la canción “Así estoy yo
sin ti” de Sabina. Pensó en Maica. La reconoció por la melodía ya que se
sorprendió oírla en un idioma que desconocía. Nunca había sido muy ducho en
idiomas pero manejaba tres con aceptable fluidez. Pensó que las
discográficas ya no sabían ni qué hacer para vender discos en esta época de
crisis total. Suspiró y esperó tumbado en la cama a que el tema musical
terminara. Las noticias estarían a punto de emitirse. Pero cuando llegaron, su
ceño se frunció extrañado al comprobar que no entendía ni una sola palabra de
lo que estaba emitiendo el periodista. Inglés no era, lo tenía bien claro, y
mucho menos francés; a ratos se parecía en algo al alemán, pero tampoco se trataba
de la lengua teutona. No entendía nada aunque el dialecto le parecía haberlo
oído en alguna ocasión. Intentando encontrar una explicación al asunto, pensó
que se trataba de una interferencia extraña de alguna emisora de algún país del
este, ya que esos idiomas sí que los desconocía completamente. Con gesto de
estupor, decidió levantarse de la cama y prepararse el desayuno.
Mientras
la mañana del sábado giraba en el remolino negro de su taza de café, se
sobresaltó al escuchar una fuerte discusión de los del piso de arriba. Eran una
joven pareja alquilada que llevaban tiempo sin entenderse demasiado como
atestiguaban las continuas discusiones que cada vez se producían con más
frecuencia. O ¿ya no eran ellos? Porque lo que estaba escuchando era una
discusión en un idioma que no se parecía en nada al castellano. ¿Serían nuevos
inquilinos inmigrantes?
- - Qué mala suerte - pensó Marcos - ¿es qué todas las desavenencias conyugales
vienen a parar al piso de arriba?
Con
fastidio y para mitigar el ruido, decidió poner la televisión mientras apuraba
el último sorbo de café. Se sorprendió al comprobar que el primer canal que
aparecía en pantalla, emitía un programa de cocina en un idioma, por tercera
vez durante la mañana, incomprensible para sus oídos. Decidió cambiarlo, pero
la tertulia política que había en el siguiente emitía en ese enigmático idioma.
Sin salir de su estupor, empezó con nerviosismo al martillear una y otra vez el
botón de cambio de canal del mando del televisor. Pero en todos los canales el
resultado era el mismo: publicidad, noticias, música, deportes, debates… en esa
lengua endiablada que no conseguía descifrar.
- - No lo puedo creer… ¿pero qué
demonios está pasando aquí?
Imaginó
que el problema estaría en su antena parabólica que, a saberse el porqué, se
había metamorfoseado en una críptica Torre de Babel. Arrojó enfadado el mando
sobre el sofá y decidió irse a dar una ducha que purificara el mal humor con el
que había empezado el sábado. Mientras dejaba que el agua caliente se filtrara
por los poros de su piel, pensó en las lágrimas de Maica, extraviadas en el
banco del parque en el que habían estado la tarde anterior. No soportaba ver
llorar a una mujer, así que decidió que lo mejor sería marcharse. Y mientras lo
hacía, sintió los ojos vidriosos de Maica, sentada en el banco de madera,
clavados en su espalda, intentando dibujarle en cada paso las letras de su alfabeto.
Cuando ya estuvo lejos de allí, miró hacia atrás: un reguero de palabras
confusas y huérfanas yacían desordenadas a lo largo de todo el trayecto
recorrido.
Escogió
unos vaqueros negros y una camisa blanca, y decidió bajar a la calle a comprar
el periódico y el pan. Mientras esperaba al ascensor, comprobó que la pareja
joven de arriba que hacía unos instantes la había oído discutir en un idioma
ininteligible, bajaban andando por la escalera, abrazados. Se sorprendió al
descubrir que era la pareja que él conocía, no una nueva alquilada como había
pensado hacía un instante. Al cruzarse con él, los dos le saludaron con una
misma palabra que Marcos, por enésima vez, no comprendió. Respondió al saludo
con un sorprendido gesto de cabeza sin poder salir de su asombro. ¿Se estarían
mofando de él? Empezó a preocuparse.
Al
pasar por el parque, con dirección al quiosco de periódicos, observó como tres
niños de unos diez años discutían acaloradamente. A medida que se acercaba a
ellos, la riña llegó a las manos y los vio convertidos en una bola de puños y
piernas que rodaba por la arena. Apresuradamente se acercó a ellos con
intención de separarlos pero se quedó inmóvil al escuchar lo que parecían ser
unos insultos en una lengua que no entendía y que ya le estaba resultando
familiar. La disputa estaba siendo seria y, a pesar de su estupor, decidió
intervenir y separarlos. Los tres chiquillos comenzaron atropelladamente a
explicarle a gritos lo que intuyó que podrían ser las razones de la pelea. No
entendía nada de nada. Desesperado, decidió taparse con ambas manos sus oídos y
alejarse de allí creyendo estar en una molesta pesadilla.
Paisaje con la
caída de Ícaro (1558).- Pieter Brueghel
Con
verdadero miedo de que volviera a ocurrir, se plantó delante del quiosco. Antes
de coger el periódico miró de reojo al vendedor que estaba concentrado en la
tarea de un crucigrama. Sin mediar palabra con él, depositó el coste del
periódico en la repisa. No soportaría oírle hablar en esa lengua… infernal que
esa mañana todo el mundo se había puesto de acuerdo en hablar para provocarle
la máxima desesperación. Así que, después de pagar, se dispuso a darse la
vuelta e irse de allí lo más rápido posible. Pero cuando aún no había dado ni
tres pasos, oyó como el quiosquero gritaba entusiasmado, una
palabra ininteligible que debía ser la que había estado buscando a conciencia
para completar el crucigrama. Marcos se paró un instante, expiró profundamente,
se colocó sus gafas de sol, e intentando mantener el tipo, decidió regresar a
casa. No iría ya ni a por el pan.
Se
tumbó en el sofá mientras su mano derecha limpiaba su frente sudorosa. ¿El
mundo se había vuelto loco o era él el que caminaba al revés? Quiso poner un
poco de música relajante para tranquilizarse. Esta vez no habría duda: eligió
un disco de los Eagles. Sonarían en un inglés que conocía bien. Necesitaba
reconocer y comprender alguna lengua ya que con el castellano no era posible.
Esta vez, funcionaría. Con manos trémulas le dio al play. Pero, al igual que antes había sucedido con la canción de
Sabina, la lengua de los Eagles era babélica…
- - No, no, no…. –repitió con desesperación.
Y
mientras su frente la sostenía con la palma izquierda de su mano, la imagen del
sendero de palabras huérfanas que se había creado entre él y Maica la tarde que
la dejó en el naufragio de lágrimas en el banco, le vino a la mente. Recordó
que cuando miró hacia atrás, yacían en el suelo, detrás de sus pasos, letras
negras, mayúsculas y minúsculas, concatenadas al azar, quizás formando alguna
palabra, quizás sedientas de frases. Reconoció en el trazo de todas ellas la
caligrafía de Maica.
Fue
entonces cuando sonó el teléfono. Descolgó el auricular y reconoció una voz
dulce y triste que, al igual que en todas las ocasiones anteriores, se cifraba
en la lengua que lo perseguía durante toda la mañana. Era la voz de Maica.
Sintió alivio al oír su tono de voz, incluso alegría, por ello, decidió no solo
oírla, sino escucharla. Ahora, era capaz de descifrar y entender el condenado
dialecto. Fue entonces cuando comprobó que acababa de aprender un cuarto idioma.