jueves, 6 de marzo de 2014

MANZANAS LITERARIAS: PRIMER MORDISCO

 

MANZANAS LITERARIAS

(Primer Mordisco)

 

El zumo que más le gusta a la literatura desde todos los tiempos ha sido el de manzana. Nunca una fruta ha sido tan exprimida por manos de escritores, poetas y novelistas, escribas y escribidores, todos de bien, como esta, la  mattiana latina, que desembocó en la jugosa y apetitosa manzana. Brillante y redonda, roja, amarilla o verde, insinuante en sus formas femeninas o venenosa en su contenido; misiva de amor o erotismo, pecaminosa en algún lugar paradisíaco. Fruta y fruto de la discordia en el orbe de dioses clásicos, clave y llave de moralejas en el jardín de los cuentos de todas las épocas. Musa para poetas cuyo aroma trasciende el tiempo, fórmula magistral de la gravedad para el físico. Sexual y sensual en las plumas de todos los tiempos. ¿Se atreven a darle un mordisco?

Este breve e incompleto resumen pretende ser el aperitivo de lo que les ofrezco en esta ocasión. El ingrediente está muy manido, pero siempre hay receta gastronómica que adquiere sabor diferente de las distintas manos que lo cocinan. Les invito a cenar manzanas cocinadas en el horno de la literatura de todos los tiempos. Tengo el atrevimiento de pedirles que se fijen en el cocinero o cocinera, que aquí la diferencia de género va a ser importante: el eje vertebrador de este pequeño estudio es el significado tan distinto que adquiere la inocente manzana ya esté en manos de hombres, ya en manos de mujeres. Y estas últimas, como ya estarán intuyendo, son las que se llevan la peor parte. Como decía mi querido y atrevido Arcipreste de Hita:

Talante de mujeres, ¿quién lo puede entender?

Su maestría es mala, mucho su malsaber.

Comencemos el festín.

 

PRIMER MORDISCO:

ANTIGÜEDAD CLÁSICA GRECOLATINA

 

Es en este período donde encontramos manzanas a doquier, vayamos al rincón literario que vayamos. Mitos y leyendas están gratinados con manzanas. Algunas comestibles, otras, no tanto. La manzana para la antigüedad clásica era el símbolo del amor, la sensualidad y la sexualidad (ya se encargaría el Cristianismo, para aguar la fiesta,  de solucionar este exceso; pero no adelantemos acontecimientos).  

 

1)   Manzanas de Gea

La manzana también estaba relacionada con la fecundidad: la diosa de la tierra, Gea, obsequió a la celosa Hera con manzanas de oro como símbolo de fertilidad cuando se casó con el donjuán de Zeus. A esta le gustó tanto el regalo que decidió plantarlas en un jardín al borde del océano, dando lugar al Jardín de las Hespérides. Este acontecimiento es el punto de partida para muchos de los mitos que vendrán después.

Las manzanas surtieron efecto ya que Hera tuvo cinco hijos de Zeus y uno ilegítimo como venganza a una de las muchas infidelidades de su marido.

  Obsérvese que la manzana en poder de la mujer pasa a significar fertilidad.


Hera en el lecho nupcial con Zeus
 
 

2)   Las manzanas de oro del Jardín de las Hespérides

El Jardín de las Hespérides, como acabamos de decir, era el huerto de Hera, formado gracias a las manzanas de su regalo de bodas. Un maravilloso jardín situado en la cordillera de Atlas, en el norte de África y al borde del océano. Sus árboles daban manzanas de oro que proporcionaban la inmortalidad. Por temor a que se las robaran puso guardianas, las Hespérides o “damas de la noche”, tres ninfas de dulce cantar que cuidaban de las manzanas pero  -la tentación era grande-  a veces recolectaban la fruta para sí mismas y, como Hera no confiaba en ellas   -y bien hacía-, también dejó a mayores, como custodio, a un dragón de cien cabezas llamado Ladón.
 
 

 

El jardín de las Hespérides de Frederic Leighton (1892)
Euristeo, tío y enemigo de Hércules, fue quien le encomendó a este último su undécimo trabajo con muy mala idea: robar las manzanas del Jardín de las Hespérides. El pobre Hércules, que no tenía ni idea de dónde estaba el jardín, se las vio y deseó para encontrarlo. Y cuando lo hizo, tuvo que engañar a Atlas, gigante que sostenía la bóveda del cielo, para que fuera a recuperar algunas manzanas de oro ofreciéndose a sujetar el cielo mientras él iba a buscarlas. Atlas accedió, las trajo,  Hércules tomó las manzanas y se marchó. Hay otra versión que dice que fue Hércules quien tomó las manzanas por sí mismo después de matar al dragón Ladón.

 
Hércules robando las manzanas del Jardín de las Hespérides.

 Detalle del mosaico de los trabajos de Hércules de Liria (Valencia)

En cualquier caso, obsérvese que las manzanas en manos de un hombre, en este caso, son símbolo de ingenio o valentía y, en todo caso, de victoria.

Y… las manzanas que Gea regaló a Hera, van a seguir dando guerra, y nunca mejor dicho con lo que viene a continuación:

 


3)   La manzana de la discordia

Eris, la diosa de la discordia, no había sido invitada a la boda entre dos dioses y, enfadadísima, como venganza lanzó entre los invitados una manzana dorada con la inscripción: “para la más bella”. Y adivinen la que montó entre aquellas que se consideraban las más divas… Tres diosas de lo más glamurosas, Afrodita, Hera y Atenea, se consideraban merecedoras de tal manzana y comenzaron a pelearse por el título (¿quizás el primer concurso de belleza de la historia?). Como se pusieron inaguantables, se llamó a Paris, un mortal que era pastor, y ya que estaba alejado del mundo y de las pasiones humanas era la persona idónea y más objetiva para elegir a la más bella y así terminase de una vez por todas la disputa. El lío en el que metieron al pobre hombre fue de órdago como luego veremos. ¿Se pensaban que el soborno era un invento actual? Se confundirían. Las tres diosas intentan sobornar a Paris, Hera ofreciéndole poder político, Atenea la sabiduría y la victoria, y Afrodita el amor de la mujer más bella del mundo. Paris entra en el soborno eligiendo a esta última, que le promete a Helena. Las otras dos diosas, enojadas con el desdén causaron el hundimiento de Paris y su familia porque, para tener a Helena, antes la tuvo que raptar y esto provocó el comienzo de la Guerra de Troya como ustedes saben.
 
 


El Juicio de Paris de Enrique Simonet, 1904.

Obsérvese que en este caso, la manzana en manos de una mujer lo que provoca es todo lo contrario que en el caso anterior que estaba en manos de un hombre. Ahora genera guerra, devastación, disputas y envidias. A medida que avancemos, esto va a ser una variante que se repite.

 

 

4)   Las manzanas de Hipónemes y Atalanta

Atalanta, heroína griega consagrada a Artemisa y reconocida por sus habilidades para la caza y las carreras, debía mantenerse virgen tal y como requería esta consagración a la diosa. Un día, un oráculo le vaticinó que el día que se casara se convertiría en animal. Todo esto, junto que su padre la abandonó en un bosque cuando nació porque solo deseaba hijos varones, hizo que Atalanta evitara cualquier pretendiente. Solo se casaría con una condición: que el pretendiente la ganase en una competición, en una carrera, cosa casi imposible dado las habilidades de esta dama para correr. Un joven apuesto llamado Hipónemes, enamorado de ella y agudizando el ingenio, le retó a esta competición. Utilizó una treta: dejó caer tres manzanas de oro (ya saben de qué jardín procedían…) durante el recorrido. Se las había regalado Venus, la diosa del Amor. Atlanta, hechizada por la mágica belleza de las manzanas, se paraba a recogerlas, lo que hizo que perdiera la competición y tuviera que convertirse en esposa de Hipónemes. Enamorados, los esposos no encontraron otro lugar mejor para gozar de su amor que en uno de los santuarios consagrados a Cibeles. Y claro, la diosa se enfadó, convirtiendo a ambos en leones (la profecía del oráculo se cumplió) y los ató a su propio carro para que tiraran de él, tal y como aparecen en la fuente de la Cibeles del Paseo del Prado de Madrid.

Observen el valor de la manzana en manos de un hombre: ingenio, éxito, victoria (como en el caso de Hércules). Ni parecido a los casos anteriores de mujeres.

 



Guido Reni (1575-1642)   Hipómenes y Atalanta

 

5)   Las manzanas de Aristófanes y Paulo

Tanto Aristófanes, comediógrafo griego, como Paulo Silenciario, poeta bizantino, identifican a las manzanas con los pechos femeninos:

LAMPITO: Así Menelao cuando vio, pasando a su lado, las manzanas de Helena, tiró la espada, según dicen.

Aristófanes, Lisístrata.

 

LA JOVEN:

No hables mal de las jóvenes

pues el placer reside

en los muslos tiernos,

y en las manzanas.

Aristófanes, La Asamblea de las Mujeres.

 
Busto de Aristófanes
 
Prefiero, Filina, tus arrugas a la savia
de cualquier juventud y deseo más tener en mis manos
tus manzanas de puntas alicaídas
que el enhiesto pecho de una tierna joven.
Paulo, Epígramas eróticos griegos.
 
Obsérvese que las manzanas en la literatura de hombres se identifican con el cuerpo femenino, con un significado sexual o sensual.
 
 
6)   Las tres manzanas de Ovidio
Por último, veamos lo que Ovidio, gran poeta romano, nos dice al respecto de la manzana. Publicó un cuento titulado “Las tres manzanas”. Reproducirlo íntegramente sería abusar de su paciencia, por tanto, resumiré el contenido. En un árbol han florecido tres hermosas manzanas tan doradas como el oro. Las van cogiendo tres personas: el primero, un joven que no puede resistir el placer de comérsela. La segunda persona, una mujer, que quiere preservar su belleza encerrándola en un cajón por lo que la manzana acabará pudriéndose. El tercero es un anciano que la corta por la mitad, saca sus semillas y las planta para que florezcan nuevos manzanos. Solo en este tercer caso, el viento del huerto canta:
Semilla plantada, tesoro ganado.
El esfuerzo de la manzana se ha logrado.”

Busto de Ovidio
La moraleja del cuento está clara. Pero observen como solamente en manos de un hombre  -anciano-, la manzana toma el significado de sabiduría. En la mujer, solo belleza; y en el joven, solo deseo. La diferencia de género y, en este caso, también de edad,  marca diferencias notables en esos valores significativos que rodean a nuestra manzana.
El primer mordisco grecolatino a la manzana, ha finalizado. Espero que no haya causado malas digestiones. Les invito al segundo mordisco en una siguiente publicación: ¿cómo madurará la manzana en la literatura del Cristianismo y de la Edad Media?
(Continúa)

martes, 4 de febrero de 2014

El vendedor de humo



EL VENDEDOR DE HUMO

Se lo podría contar de otra manera pero esta vez he elegido un cortometraje para hacerlo. Sin una sola palabra, ni mía ni de los personajes animados del film. Nuestro panorama político y social es tan claro que sobra la literatura y cualquier alfabeto que lo intente traducir.

Tengan cuidado con los vendedores de humo. Quizás no siempre detrás de una tormenta sobrevenga la paz…

El Vendedor de humo es un cortometraje de Animación realizado íntegramente por los alumnos de www.PrimerFrame.com. A ellos pertenecen todos los derechos del siguiente vídeo.

Algunos premios:

2012: Premios Goya: Mejor cortometraje de animación.
           Premio Especial del Público en el certamen MundosDigitales en A Coruña.
           Mejor corto de Animación en QuartMetratges 2012.
           Premio al mejor cortometraje de animación en el 17 Certamen Audiovisual de Cabra.
2013: Festival de Málaga: Sección oficial cortometrajes de animación.


(Recomendable verlo en pantalla completa)

lunes, 3 de febrero de 2014

4º Aniversario de "El Espejo de la luna"

 
 
4º ANIVERSARIO DE

 EL ESPEJO DE LA LUNA

 

Los caminos son aguas profundas

en  los que conseguimos a veces

andar por su superficie errante

como hijos de dioses invisibles

exhibiendo nuestro mísero poder terreno.

 

Travesías ignotas,

trayectos repletos

de la poesía del arco iris.

Naufragios de palabras

retando a tempestades que vomitan

la lluvia de las emociones.

 

Cruceros de estaciones

arribando a puertos donde nació el otoño,

a islas estivales de soles extraviados,

a cumbres oceánicas de nieves invernales,

a lagunas estigias de primaveras agazapadas.

 

Caminos que nunca llegarán a Oz,

ni mucho menos a Ítaca,

caminos y caminos,

inundados de atajos de huellas

quizás ya recorridas y holladas,

quizás extranjeras por su disfraz babélico.

Caminos de sueños soñados

o de despertares que sueñan.

Caminos,

caminos y trayectorias

de vagabundos que salen a ver el mundo,

persiguiendo el mismo final del arco iris

con mi amigo Huckleberry, el río Moon y yo.
 

Gracias a todos

por acompañarme, un año más,
en ese camino.
 

Hay desayunos que serán eternos…


domingo, 12 de enero de 2014

DE ROSAS

 
Fotografía: Marisa Vegas
 
DE ROSAS

(Fotografías: Voces silenciosas XI)


Incluso allí nació la rosa.

Junto a la alambrada gris que la separaba del cielo añil, junto al muro de metal que dibujaba límites precisos.

Ella también marcaba distancias afiladas con su talle de espinas. Era el precio de su belleza.  Frontera de terciopelo e incisivas agujas difuminada por el perfume de sus palabras.

Quizás no fuese tan diferente a esa valla de alambre. Quizás nunca hubo mayor parecido entre una inocente rosa y un cercado hostil. Aunque nunca se supo quién fue el espejo de quién.
 
 

lunes, 18 de noviembre de 2013

Odio

 
El rostro de la guerra
 Salvador Dalí.
 
El odio es la venganza de un cobarde intimado.
George Bernard Shaw
 
Yo odio la alegría
por odio a la pena.
                             Antonio Machado.
 
 
Cuanto más pequeño es el corazón, más odio alberga.
Víctor Hugo
 
 
Cuando odias a una persona, odias algo de ella que forma parte de ti mismo.
 Lo que no forma parte de nosotros no nos molesta.
 Hermann Hesse

 
El puente roto del sueño
 Salvador Dalí
 
GRANDE ES EL ODIO
Eduardo Lizalde
 
Grande es el odio (I)
 
Grande y dorado, amigos, es el odio.
Todo lo grande y lo dorado
viene del odio.
El tiempo es odio.
 
Dicen que Dios se odiaba en acto,
que se odiaba con fuerza
de los infinitos leones azules
del cosmos;
que se odiaba
para existir.
 
Nacen del odio, mundos,
óleos perfectísimos, revoluciones,
tabacos excelentes.
 
Cuando alguien sueña que nos odia, apenas,
dentro del sueño de alguien que nos ama,
ya vivimos el odio perfecto.
 
Nadie vacila, como en el amor,
a la hora del odio.
 
El odio es la sola prueba indudable
de la existencia.

 
Portarretrato de Picasso
Salvador Dalí
 
Grande es el odio (II)
 
Y el miedo es una cosa grande como el odio.
El miedo hace existir a la tarántula,
la vuelve cosa digna de respeto,
la embellece en su desgracia,
rasura sus horrores.
 
Qué sería de la tarántula, pobre,
flor zoológica y triste,
si no pudiera ser ese tremendo
surtidor de miedo,
ese puño cortado
de un simio negro que enloquece de amor.
 
La tarántula, oh Bécquer,
que vive enamorada
de una tensa magnolia.
Dicen que mata a veces,
que descarga sus iras en conejos dormidos.
Es cierto,
pero muerde y descarga sus tinturas internas
contra otro,
porque no alcanza a morder sus propios miembros,
y le parece que el cuerpo del que pasa,
el que amaría si lo supiera,
es el suyo.

domingo, 10 de noviembre de 2013

EN LA AUSENCIA

 
 
EN LA AUSENCIA
 
Solo lo que no se ve
lleva tu nombre,
blanco,
tatuado en palabras mudas,
inocente,
errante por puentes de piedra
sólidos,
que unen travesías de mil huellas
 invisibles al tacto.
 
Solo las caricias deseadas
llevan tu nombre,
cuando la piel devora la inanición del frío,
de la ausencia,
y la noche contrabandista
me regatea sueños cálidos,
de estraperlo,
que conozco y reconozco
aun en la oscuridad más lejana.
 
Solo lo que no amanece
lleva tu nombre,
enredándose en la no existencia,
entre mis sábanas,
y en el lecho vacío sin alba,
justo a la derecha de mis sueños,
se dibuja el gélido valle
que fue verde tapiz fértil
de ríos sin cauce
 desbordados
en  cuerpos de agua y fuego.
 
Solo lo que no se respira
lleva tu nombre,
me lo susurró al oído el viento
asfixiado en la nostalgia
de tu aroma de molinos,
de tu perfume de tarde encalada de añil.
Si no hay oxígeno en la ausencia
¿de qué color es la luz
de la vela que no puede encenderse?

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