MANZANAS LITERARIAS
(Primer Mordisco)
El zumo que más le gusta a la literatura desde todos los tiempos ha
sido el de manzana. Nunca una fruta
ha sido tan exprimida por manos de escritores, poetas y novelistas, escribas y
escribidores, todos de bien, como esta, la mattiana latina, que desembocó en la jugosa y apetitosa manzana. Brillante
y redonda, roja, amarilla o verde, insinuante
en sus formas femeninas o venenosa en
su contenido; misiva de amor o erotismo,
pecaminosa en algún lugar paradisíaco. Fruta y fruto de la discordia en el orbe de dioses
clásicos, clave y llave de moralejas en
el jardín de los cuentos de todas las épocas. Musa para poetas cuyo aroma trasciende el tiempo, fórmula magistral de la gravedad para
el físico. Sexual y sensual en las
plumas de todos los tiempos. ¿Se atreven
a darle un mordisco?
Este breve e incompleto resumen
pretende ser el aperitivo de lo que les ofrezco en esta ocasión. El ingrediente
está muy manido, pero siempre hay receta gastronómica que adquiere sabor
diferente de las distintas manos que lo cocinan. Les invito a cenar manzanas cocinadas en el horno de la literatura de
todos los tiempos. Tengo el atrevimiento de pedirles que se fijen en el
cocinero o cocinera, que aquí la diferencia de género va a ser importante: el
eje vertebrador de este pequeño estudio es el significado tan distinto que adquiere la inocente manzana ya esté en
manos de hombres, ya en manos de mujeres. Y estas últimas, como ya estarán
intuyendo, son las que se llevan la peor parte. Como decía mi querido y
atrevido Arcipreste de Hita:
Talante de mujeres, ¿quién lo puede entender?
Su maestría es mala, mucho su malsaber.
Comencemos el festín.
PRIMER MORDISCO:
ANTIGÜEDAD CLÁSICA GRECOLATINA
Es en este período donde
encontramos manzanas a doquier, vayamos al rincón literario que vayamos. Mitos y leyendas están gratinados con
manzanas. Algunas comestibles, otras, no tanto. La manzana para la
antigüedad clásica era el símbolo del amor, la sensualidad y la sexualidad (ya se encargaría el
Cristianismo, para aguar la fiesta, de
solucionar este exceso; pero no adelantemos acontecimientos).
1)
Manzanas de Gea
La manzana también estaba
relacionada con la fecundidad: la diosa de la tierra, Gea, obsequió a la celosa Hera con manzanas
de oro como símbolo de fertilidad cuando se casó con el donjuán de Zeus. A
esta le gustó tanto el regalo que decidió plantarlas en un jardín al borde del
océano, dando lugar al Jardín de las
Hespérides. Este acontecimiento es el punto de partida para muchos de los
mitos que vendrán después.
Las manzanas surtieron efecto ya
que Hera tuvo cinco hijos de Zeus y uno ilegítimo como venganza a una de las
muchas infidelidades de su marido.
Obsérvese que la manzana en poder de la mujer pasa a significar fertilidad.
Hera en el lecho nupcial con Zeus
2)
Las manzanas de oro del Jardín de las Hespérides
El Jardín de las Hespérides, como
acabamos de decir, era el huerto de Hera,
formado gracias a las manzanas de su regalo de bodas. Un maravilloso jardín
situado en la cordillera de Atlas, en el norte de África y al borde del océano.
Sus árboles daban manzanas de oro que
proporcionaban la inmortalidad. Por temor a que se las robaran puso guardianas,
las Hespérides o “damas de la noche”,
tres ninfas de dulce cantar que cuidaban de las manzanas pero -la tentación era grande- a veces recolectaban la fruta para sí mismas
y, como Hera no confiaba en ellas -y
bien hacía-, también dejó a mayores, como custodio, a un dragón de cien cabezas llamado Ladón.
El jardín de las Hespérides de Frederic Leighton (1892)
Euristeo, tío y enemigo de Hércules, fue quien le encomendó a este
último su undécimo trabajo con muy
mala idea: robar las manzanas del Jardín
de las Hespérides. El pobre Hércules, que no tenía ni idea de dónde estaba
el jardín, se las vio y deseó para encontrarlo. Y cuando lo hizo, tuvo que engañar a Atlas, gigante que sostenía
la bóveda del cielo, para que fuera a recuperar algunas manzanas de oro
ofreciéndose a sujetar el cielo mientras él iba a buscarlas. Atlas accedió, las
trajo, Hércules tomó las manzanas y se
marchó. Hay otra versión que dice que fue Hércules quien tomó las manzanas por
sí mismo después de matar al dragón
Ladón.
Hércules robando las manzanas del Jardín de las Hespérides.
Detalle del mosaico de los
trabajos de Hércules de Liria (Valencia)
En cualquier caso, obsérvese que
las manzanas en manos de un hombre, en este caso, son símbolo de ingenio o valentía
y, en todo caso, de victoria.
Y… las manzanas que Gea regaló a
Hera, van a seguir dando guerra, y nunca mejor dicho con lo que viene a
continuación:
3)
La manzana de la discordia
Eris, la diosa de la discordia, no había sido invitada a la boda
entre dos dioses y, enfadadísima, como venganza lanzó entre los invitados una manzana dorada con la inscripción: “para la más bella”. Y adivinen la
que montó entre aquellas que se consideraban las más divas… Tres diosas de lo
más glamurosas, Afrodita, Hera y Atenea,
se consideraban merecedoras de tal manzana y comenzaron a pelearse por el
título (¿quizás el primer concurso de belleza de la historia?). Como se
pusieron inaguantables, se llamó a Paris,
un mortal que era pastor, y ya que estaba alejado del mundo y de las pasiones
humanas era la persona idónea y más objetiva para elegir a la más bella y así
terminase de una vez por todas la disputa. El lío en el que metieron al pobre
hombre fue de órdago como luego veremos. ¿Se pensaban que el soborno era un
invento actual? Se confundirían. Las
tres diosas intentan sobornar a Paris, Hera ofreciéndole poder político,
Atenea la sabiduría y la victoria, y Afrodita el amor de la mujer más bella del
mundo. Paris entra en el soborno eligiendo a esta última, que le promete a
Helena. Las otras dos diosas, enojadas con el desdén causaron el hundimiento de
Paris y su familia porque, para tener a Helena, antes la tuvo que raptar y esto provocó el comienzo de la Guerra de
Troya como ustedes saben.

El Juicio de Paris de Enrique Simonet, 1904.
Obsérvese que en este caso, la manzana en manos de una mujer lo que provoca es todo lo contrario que en el caso anterior
que estaba en manos de un hombre. Ahora genera guerra, devastación,
disputas y envidias. A medida que avancemos, esto va a ser una variante
que se repite.
4)
Las manzanas de Hipónemes y Atalanta
Atalanta, heroína griega consagrada a Artemisa y reconocida por sus
habilidades para la caza y las carreras, debía mantenerse virgen tal y como
requería esta consagración a la diosa. Un día, un oráculo le vaticinó que el día que se casara se convertiría en
animal. Todo esto, junto que su padre la abandonó en un bosque cuando nació
porque solo deseaba hijos varones, hizo que Atalanta evitara cualquier pretendiente. Solo se casaría con una
condición: que el pretendiente la ganase en una competición, en una carrera,
cosa casi imposible dado las habilidades de esta dama para correr. Un joven apuesto
llamado Hipónemes, enamorado de ella
y agudizando el ingenio, le retó a esta competición. Utilizó una treta: dejó caer tres manzanas de oro (ya
saben de qué jardín procedían…) durante el recorrido. Se las había regalado
Venus, la diosa del Amor. Atlanta, hechizada por la mágica belleza de las
manzanas, se paraba a recogerlas, lo que hizo que perdiera la competición y
tuviera que convertirse en esposa de Hipónemes. Enamorados, los esposos no encontraron otro lugar mejor para gozar de su amor que
en uno de los santuarios consagrados a Cibeles. Y claro, la diosa se
enfadó, convirtiendo a ambos en leones (la profecía del oráculo se cumplió) y
los ató a su propio carro para que tiraran de él, tal y como aparecen en la fuente de la Cibeles del Paseo del Prado
de Madrid.
Observen el valor de la manzana en manos de un hombre: ingenio, éxito, victoria (como en el caso de Hércules). Ni
parecido a los casos anteriores de mujeres.
Guido Reni (1575-1642) Hipómenes
y Atalanta
5)
Las manzanas de Aristófanes y Paulo
Tanto Aristófanes, comediógrafo griego, como Paulo
Silenciario, poeta bizantino, identifican a las manzanas con los pechos femeninos:
LAMPITO: Así Menelao cuando vio,
pasando a su lado, las manzanas de
Helena, tiró la espada, según dicen.
Aristófanes, Lisístrata.
LA JOVEN:
No hables mal de las
jóvenes
pues el placer reside
en los muslos tiernos,
y en las manzanas.
Aristófanes, La Asamblea de las
Mujeres.
Busto de Aristófanes
Prefiero, Filina, tus
arrugas a la savia
de cualquier juventud y
deseo más tener en mis manos
tus
manzanas de puntas alicaídas
que el enhiesto pecho de
una tierna joven.
Paulo, Epígramas eróticos
griegos.
Obsérvese que las
manzanas en la literatura de hombres se identifican con el cuerpo femenino, con un significado sexual o sensual.
6)
Las tres manzanas de Ovidio
Por último, veamos lo que Ovidio,
gran poeta romano, nos dice al
respecto de la manzana. Publicó un cuento
titulado “Las tres manzanas”. Reproducirlo íntegramente sería abusar de su
paciencia, por tanto, resumiré el contenido. En un árbol han florecido tres hermosas manzanas tan doradas
como el oro. Las van cogiendo tres personas: el primero, un joven que no
puede resistir el placer de comérsela. La segunda persona, una mujer, que
quiere preservar su belleza encerrándola en un cajón por lo que la manzana
acabará pudriéndose. El tercero es un anciano que la corta por la mitad, saca
sus semillas y las planta para que florezcan nuevos manzanos. Solo en este
tercer caso, el viento del huerto canta:
“Semilla plantada, tesoro ganado.
El esfuerzo de la manzana se ha
logrado.”

Busto de Ovidio
La moraleja del cuento está
clara. Pero observen como solamente en
manos de un hombre
-anciano-, la manzana toma el significado de sabiduría. En la
mujer, solo belleza; y en el joven, solo deseo. La diferencia de género y,
en este caso, también de edad, marca
diferencias notables en esos valores significativos que rodean a nuestra
manzana.
El primer mordisco
grecolatino a la manzana, ha finalizado. Espero que no haya causado malas
digestiones. Les invito al segundo mordisco en una siguiente publicación: ¿cómo
madurará la manzana en la literatura del Cristianismo y de la Edad Media?
(Continúa)