
Tendemos siempre a medir el tiempo, a computar los momentos de gozo y también los de llanto; nos gusta traducir a números el paso del tiempo ya que quizás ese sea el único lenguaje criptográfico que conozcamos que nos permite retenerlo o al menos queremos pensar que así es. Y nos lo creemos. Y jugamos con las matemáticas para hacer nuestro un pasado ya llovido y un futuro condensado en nubes que alguna lluvia dejarán. Y después, el olor a tierra mojada…
Muchos sois los que me habéis acompañado en este trayecto del cual solo tendría palabras hermosas para describirlo. Mi filosofía me dicta que de cada persona y momento de la vida se aprende algo nuevo, distinto, sorprendente, enriquecedor, y esta es la base que nos convierte en tolerantes. De todos vosotros he aprendido día a día, con vuestros comentarios y en vuestros blogs, idiomas que traducen la vida, pensamientos que condensan la poesía, sentimientos que coronan la Literatura, arte que engalana la vida, sonrisas que embellecen labios, sabiduría que nos humaniza, sueños que nos hacen volar, puntos de vista distintos que nos hacen crecer, música que nos acaricia el alma, cine que nos hace navegar a esas islas de nuestra imaginación, libros sabios y pacientes que nos hablan en silencio, actualidad crítica que nos hace ser más independientes, fotografías que detienen para siempre ese segundo de belleza efímera. He conocido y aprendido a vuestro lado, diferentes formas de ver el alfabeto de la vida, pero sobre todo de sentirlo.
No obstante, el denominador común que todos habéis tenido es el enorme cariño que siempre habéis demostrado hacia mis letras, traducido en cientos de besos y abrazos que hoy os devuelvo multiplicados.
Por todo ello, y por mucho más que ha sobrepasado los límites del blog, GRACIAS de corazón. Gracias por haber empleado vuestro valioso tiempo en leer mis creaciones, gracias a todos, desde los que habéis sido fieles comentaristas hasta los que sé que en la sombra me seguís con el mismo cariño. Formáis parte indisoluble de este Espejo de la Luna y de mi corazón reflejado en él.
MOON RIVER.- Henry Mancini
algún día te cruzaré a lo grande.
Oh, fabricante de sueños, tú, rompecorazones,
donde quiera que vayas iré contigo.
Dos vagabundos que salen a ver el mundo,
hay un montón de mundo para ver.
Estamos persiguiendo el mismo final del arco iris,
esperando en la curva,
mi amigo Huckleberry, el río Moon y yo.









